No es tarea fácil crear un clima de absoluta intimidad en una sala tan grande como la del Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata. Menos aún si esa sala está colmada como lo estuvo el viernes pasado. Lo cierto es que Miguel Angel Solá y Mercedes Funes lo lograron con creces en el estreno de la obra que ambos protagonizan: “Por el placer de volver a verla”.

 Manuel González Gil adaptó y dirige esta pieza del escritor canadiense Michel Tremblay, traducida por Pablo Rey. ¿Cuál es el tema? A primera vista, se trata del vínculo madre-hijo a través del tiempo. O más bien, el recuerdo que ese hijo adulto tiene de su madre, una mujer muy particular que lo marcó desde su más tierna infancia para siempre. Ahondando más, aparecen otros: la crianza, el hábito de la lectura, la magia del teatro, los mandatos, el amor incondicional, las asignaturas pendientes, el descubrimiento de la vocación, y muchos más que hacen a la condición humana.

La dupla Solá-Funes funciona como un sofisticado mecanismo de relojería. Ambos encajan y se complementan a la perfección. El contraste entre esa verborrágica e hiperkinética madre y su reflexivo y parsimonioso hijo resulta por momentos desopilante. Es ésta una comedia dramática que combina humor y patetismo en perfectas y equilibradas dosis. La obra conmueve y divierte al mismo tiempo. Imposible no verse reflejado en esos diálogos entre madre e hijo. El fenómeno de identificación surge inevitablemente.

El hijo que compone Solá es un ser racional, sensato, pausado, reflexivo, introvertido. Su madre, en cambio, es explosiva, gritona, exagerada, expansiva, dueña de una imaginación alocada y frondosa que tiende a lo trágico. Agua y aceite; el día y la noche. Sin embargo, la relación entre ellos es entrañable, irrompible, eterna. Se aman más allá de las diferencias, o tal vez, justamente por ellas.

Ya conocemos el inconmensurable talento de Miguel Angel Solá, y sería casi redundante subrayarlo. Impecable, como siempre. Sí quisiera destacar la magistral interpretación de Mercedes Funes, que arranca aplausos al final de cada cuadro. Capo lavoro. Un trabajo verdaderamente consagratorio.

La dirección de González Gil (quien también se encargó de las luces la noche del estreno), es  precisa, efectiva, minuciosa. Contó con la asistencia de Geremías Borras. La música de Martín Bianchedi es un valioso aporte a la hora de crear y reforzar los variados y climas que propone la obra. Minimalista y sumamente funcional la escenografía de Lula  Rojo. El vestuario de Lara Solgaudini acompaña a la perfección el paso del tiempo en la caracterización de esa madre a lo largo de los años.

El final es “tramposo” y sorpresivo. Una inesperada e ingeniosa vuelta de tuerca que alivia, acaricia el alma y genera empatía y complicidad. Un claro homenaje al teatro y a sus dos elementos esenciales y constitutivos: los artistas y su querido público.

“Por el placer de volver a verla” es una propuesta imperdible que, para fortuna de los platenses, debutó en nuestro emblemático Coliseo Podestá.

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