El Teatro Municipal Coliseo Podestá de bote a bote, colmado hasta el Paraíso. Casi 1.000 personas respirando al unísono, bajando los decibeles, dispuestos a ver y escuchar a Estanislao Bachrach, Doctor en Biología Molecular, experto en neurociencia, Master en Coaching Deportivo de alto rendimiento, Profesor, Investigador, y -más allá de sus múltiples títulos académicos- un extraordinario showman, un divulgador de temas que hacen al bienestar del ser humano, al buen vivir.

Durante dos horas (que se pasaron volando), este “estandapero nerd” rompió la cuarta pared y logró una química inmediata con su público, estableciendo un puente, como la canción de Gustavo Cerati que muy oportunamente cierra su espectáculo.

Datos científicos y no tanto, anécdotas personales, algún que otro chisme, una atrapante y jugosa charla en la que afirma y confirma que nuestros pensamientos regulan nuestras emociones. Léase, lo que pensamos, la calidad de nuestros pensamientos, y la frecuencia con la que lo hacemos, puede mejorar o empeorar nuestra vida. Así de simple y complejo a la vez.

 Enorme responsabilidad la nuestra, no tener la coartada de culpar al otro, a nuestros padres,  al tránsito, a la inflación, al jefe malhumorado, a la lluvia, al vecino molesto y ruidoso, sino intentar evitar la reacción automática, previsible; no dejarnos arrastrar por las circunstancias en piloto automático.

“Estani” es canchero, simpático, verborrágico, seductor, ocurrente, empático; habla de temas complejos sin alardear, bajándolos al llano. Contagia entusiasmo, optimismo, buena vibra, ganas de salir de la zona de confort y animarse a tomar riesgos, a proponerse desafíos, a no victimizarse, a creer en nosotros mismos, a darnos una palmadita en la espalda, a tratarnos bien. Subraya a la par la importancia de la constancia, el esfuerzo, la disciplina, la práctica, a fin de lograr nuestros objetivos.

 Y como frutilla de la torta, como broche de oro,  invita a su nutrida audiencia a ponerse de pie y bailar, sin importarnos la mirada de los otros, sólo activando el cuerpo libremente, siguiendo el ritmo de un percusionista de la hostia que aparece súbitamente en el escenario. Bingo. Dopamina al mango.

A la salida del teatro, quien quería podía adquirir uno de sus imperdibles libros: “Agil Mente”, “Zen Sorial”, “En Cambio”, “En el Limbo”.

“Límbico” es una de esas propuestas que, en mayor o menor medida, modifican a quien participa de esa experiencia interactiva, aportándole mucho material para mejorar su calidad de vida. En los difíciles tiempos que corren, una invitación más que bienvenida.

Deja una respuesta