“Quise mostrar a un hombre sufriendo por amor”, dijo Gustavo Garzón, resumiendo lo esencial del espectáculo que escribió y protagoniza: “Un hombre solo es demasiado para un hombre solo”.

Por la notable naturalidad de su actuación, y por detalles que el actor reveló en algunas entrevistas, cuesta distinguir entre él y su personaje. Tienen mucho en común. Pareciera que Garzón entretejió datos de su historia personal en la construcción de su personaje, una suerte de alter ego, un hombre que acaba de cumplir 70, se ha jubilado como profesor universitario, está casado con “Ana” hace 40 años,  con quien tuvo varios hijos, que ya hacen su vida.

“Joaquín” nació en un hogar donde no había muestras de cariño. Nunca vio a sus padres prodigarse afecto. Sus relaciones de adolescente siempre fueron efímeras, fugaces. Ni siquiera estuvo realmente enamorado de su esposa, con quien comparte una convivencia rutinaria, desgastada, sin sobresaltos y sin pasión. Siguen juntos por inercia, por costumbre.  

Joaquín no sabe qué hacer con su tiempo libre. Le gustaría escribir, pero se siente bloqueado, sin una pizca de inspiración. Su terapeuta le sugiere inscribirse en un curso de lectura y escritura creativa, cosa que él hace a regañadientes, sin imaginar que eso marcaría un antes y un después en su aburrida vida. Quien dicta el curso es nada más y nada menos que una atractiva ex alumna de la Facultad, joven, bella,  vivaz, que despierta en él algo que nunca había experimentado.

La actriz Vicky Baldomir interpreta esos 3 personajes femeninos: la esposa, la psicóloga y quien dicta el curso. Versátil, dúctil, con una hermosa y clara voz, Baldomir le da a cada una de esas mujeres matices diferentes y distintivos. Hay visible química entre ella y Garzón; funcionan muy aceitadamente como dupla. Se les cree cada palabra, cada gesto, cada silencio. Una historia de amor probable, verosímil.

La dirección de Julia Morgado logra una puesta ágil, que juega con los planos temporales y espaciales, con funcionalidad y ritmo. La directora también colaboró en la concreción del texto final.

Más allá del devenir de los acontecimientos (que no quisiera “espoliar”), lo interesante de la obra es lo que le sucede al protagonista. ¿Es posible enamorarse a los 70 años? ¿Es demasiado tarde para descubrir y experimentar sentimientos tan desconocidos? ¿Preferimos quedarnos en la zona de confort en lugar de arriesgarnos a patear el tablero y empezar de nuevo? Ahora que la vida se ha prolongado tanto, hombres y mujeres que dejan de trabajar entre los 60 y 70 años, deben reinventarse para vivir con plenitud un par de décadas más, reflotar asignaturas pendientes, desempolvar viejos sueños, animarse a abordar pasiones abandonadas, darse el gusto de intentar pasarla bien.

Otro tema nada menor que plantea la pieza: ¿es lo mismo enamorarse que amar? Una vez pasados los fuegos de artificio, la “calentura del flechazo” -para decirlo vulgarmente-, ¿qué queda? ¿En qué se convierte esa primera pasión con el correr del tiempo y de la convivencia? ¿Es inevitable que se apague es fuego?

Un plus de su presentación en el “Teatro La Nona” de La Plata, es la admiración que el actor siente hacia la figura de “nuestro” Joaquín V González, intelectual, político, escritor y prócer, de quien tomó prestado el nombre para su personaje. Garzón se permite leer “Lección de optimismo”, que pronunciara Joaquín V. González en el Teatro Argentino de La Plata el 18 de septiembre de 1918. “Ya veis que no soy un pesimista ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota ninguna, a mí no me ha derrotado nadie, aunque así hubiera sido, la derrota solo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, mas idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática del egoísmo…”, hermoso y conmovedor texto que vale la pena releer en tiempos aciagos como éste.

“Un hombre solo es demasiado para un hombre solo”  colmó la platea de “La Nona”, con un público muy receptivo y atento, que aplaudió calurosamente a Vicky Baldomir y Gustavo Garzón. Misión cumplida.

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