
“Contra el progreso”, “Contra el amor” y “Contra la democracia” son tres piezas que tienen una misma estructura. Las tres reivindican géneros distintos, reivindican de hecho subgéneros. En el caso de “Contra el progreso” es el surrealismo, en el caso de “Contra la democracia es el gran guignol”, y en el caso de “Contra el amor” es el burlesco. Las tres abordan siempre palabras que nuestra contemporaneidad, y el capitalismo sobre todo, han deformado. En el fondo, es un juego de palabras, para buscar la contradicción entre nuestra percepción de la palabra y su significado real.Todas las piezas querían acercarse al gran guignol, reivindicar un género que de alguna manera hubiera quedado en desuso, ese género teatral francés de finales del XIX que con piezas pequeñas pretendía hacer un retrato moral de la monstruosidad de ese instante, a través del horror y la farsa surreal.”
Así describe su trilogía el autor catalán Esteve Soler en una entrevista. Ya habíamos visto y comentado la puesta de Andrea Hamame y Claudio Rodrigo de “Contra la democracia”, obra que vimos en “La Mercería”, La Plata. En esta nueva aventura teatral, Hamame se le anima a “Contra el amor”, una cruda diatriba contra el amor romántico, meloso y edulcorado que consumimos y practicamos. Una vez más, en su dramaturgia Soler mezcla horror y humor, esgrimiendo una ironía cruel, descarnada, que pone en tela de juicio conceptos y conductas muy arraigadas en la sociedad, y rara vez cuestionados. Como espectadores, nos reímos (casi por nervios), sin estar seguros si la situación lo amerita. La propuesta- muy afín al teatro del absurdo y al distanciamiento brechtiano- no es complaciente ni pasatista. Muy por el contrario. Creo que es eso justamente lo que persigue el autor: incomodarnos, interpelarnos, cuestionarnos, sacudirnos, molestarnos, aguijonearnos. En sus propias palabras: “Algo que sucede en los montajes es que hay momentos en los que una parte del público ríe y otra parte del público se pregunta por qué esos se están riendo, y al cabo de unos minutos sucede al revés. La idea es generar en el espectador una sensación de por qué se están riendo, si no tiene puta gracia. Y luego tú te pones a reír y otra persona pensará lo mismo de ti. Y con eso, que tiene una voluntad deliberadamente brechtiana, busco un efecto de distanciamiento, busco que de golpe el público diga: dónde estamos, qué estamos haciendo, por qué estamos precisamente riéndonos de eso. Al final, mi objetivo central es que el público hable al salir, que hablen entre ellos, que digan ¿y esto? ¿Y aquello? ¿Qué ha pasado? Buscando un espectador activo, no solo crítico, un público participativo que busque hablar y cambiar las cosas.”
Esteve Soler y Andrea Hamame logran este objetivo con creces, una vez más. La puesta en escena de estos siete cuadros “que conforman un retablo”, sorprende por su audacia, originalidad e ingenio. La escenografía y el vestuario de Julieta Sargentoni juegan roles protagónicos. Las actrices y actores, Virginia Calabrese, Maite Peléz, Adrián Di Pietro, Marcelo Perona y Mariano Pierini, construyen personajes muy disímiles, con versatilidad y entrega. Hay cuadros hilarantes (“No me gusta”, “Pastillas para el amor”, “Amigas”), y otros macabros y escalofriantes (“Hotel”, “Astronautas”). Un popurrí de situaciones que dejan en el público mucha tela para cortar. Los “separadores musicales” (Kevin Macleod), y la ajustada puesta de luces (Federico Genovés), aportan matices a los diferentes climas que propone “Contra el Amor”, obra que se estrenó a sala llena en el Centro Cultural Viejo Almacén El Obrero (Avda. 13 y 71, La Plata), y que sigue en cartel los domingos a las 19 hs. Entradas por Alternativa Teatral. Muy recomendable.