
El dramaturgo y novelista Roberto Arlt (1900-1942), autor de clásicos como “El Juguete Rabioso”, “Aguafuertes Porteñas”, ”Los Siete Locos”, “Los Lanzallamas”, “El Amor Brujo”, “Saverio el Cruel”, “Trescientos Millones”, “El Fabricante de Fantasmas”, estrenó “La Isla Desierta” en el Teatro del Pueblo en 1937. Resulta llamativo y estremecedor a la vez, que esta pieza tenga hoy tan dolorosa vigencia.
La trama: cuatro oficinistas atrapados por la rutina, realizan mecánicamente sus tareas en el décimo piso de un edificio ubicado en el puerto, desde cuyo ventanal –si se distraen- contemplan el arribo y partida de buques y cruceros, como así también el vuelo de las golondrinas que surcan el cielo. Esto no les sucedía cuando trabajaban en el subsuelo, con luz artificial, entre cuatro paredes, sin contacto visual con el afuera.
El Jefe, una suerte de Gran Hermano, despótico y autoritario, los reprende y amenaza con su vozarrón, cada vez que alguno de ellos osa interrumpir su labor.
El cuadrilátero que habitan es casi como una celda, mientras que la ventana representa la libertad.
De pronto, como un “deus ex machina”, irrumpe en la escena un empleado de limpieza, que abona los deseos reprimidos de los cuatro, y los invita a fantasear con huir de ese encierro, y navegar rumbo a una isla desierta, donde vivan en contacto con la naturaleza, sin nadie que les diga qué hacer o decir, libres de la tiranía del sistema.
Hoy, en pleno siglo XXI, cuando (casi) todos somos reemplazables por la súbita irrupción de la inquietante Inteligencia Artificial, lo que plantea el autor suena dolorosamente actual. ¿Hemos renunciado a nuestros sueños? ¿Hacemos realmente lo que nos gusta? ¿Vivimos con quienes queremos vivir? ¿Preferimos no salir de nuestra zona de confort, por miedo al salto al vacío? Acuciantes y perturbadoras preguntas existenciales, que siguen exigiendo respuestas.
Leonel Ferreyra, director y adaptador de “La Isla Desierta”, logra en “Desértica” una puesta de alto impacto, dinámica, muy física y potente. Los oficinistas, interpretados por Verónica Urriza, Marcelo Gómez, Victoria Cachaza y Andrea Santarcangelo, se mueven como robots, cual soldaditos obedientes y sumisos. Sus desplazamientos son coreográficos, precisos. Quien rompe deliberadamente esa simetría es el ordenanza, el “loquito” de la lustradora -Mauricio Regalado-, que los incita a patear el tablero y animarse a apostar a sus postergados sueños. Las preguntas que subyacen son: ¿este personaje es aliado del poder? ¿Vino a liberarlos del opresor o a someterlos aún más? Cada espectador sacará sus propias conclusiones. Esta es una de esas obras que- afortunadamente- ameritan una jugosa charla post teatro. Gran trabajo de equipo del elenco, sólido y homogéneo.
“Desértica” es una obra breve (45 minutos) y contundente, que reflota la dramaturgia de Roberto Arlt, un autodidacta que reflejó en sus escritos el desencanto de las clases medias urbanas, desencanto que persiste –agigantado- en nuestros días. Muy recomendable propuesta de la cartelera local. Teatro Telón Negro, Avda. 13 entre 32 y 33, La Plata.