Grácias a un comentario de Ruben Monreal , con quien empecé a actuar en 1976, tomé conciencia del tiempo que ha pasado desde entonces. Medio siglo en el escenario, mi lugar en el mundo.

Y por muchos más 🤩💪❤️

Una breve reseña: Nunca me detuve a pensarlo. A raíz de algo que me recordó Rubén Monreal, me acabo de dar cuenta que hago teatro desde noviembre de 1976, o sea, hace exactamente 50 años. Estrené con él “Happy Journey”, una obra de Thornton Wilder que hicimos en inglés en el entonces Instituto Lincoln. Yo era alumna de Carlos Lagos en el TID (Taller de Investigaciones Dramáticas). A él no le gustó que empezara a actuar sin haber completado el ciclo, pero yo aprendí mucho más frente al público que en las clases. También dirigida por Monreal, hicimos “The Veldt”, de Ray Bradbury, en inglés y en castellano (“La Pradera”). Luego me vinculé a la sala La Lechuza, decano de los teatros independientes de la ciudad. Con Juan Carlos De Barry, Lidia Pérez Losavio y Laura Clide. En ese momento, la sala (Alberto Otegui) estaba en 49 entre 8 y 9, dentro de La Protectora.

Visto en retrospectiva, el TID fue para mí una suerte de refugio en plena época de dictadura, años negros en los que tantos amigos y amigas “fueron desaparecidos”.

A raíz de la visita de un elenco londinense (“Not the National Theatre”) que desembarcó en el Teatro Municipal Coliseo Podestá con una obra de Charles Dickens, “Hard Times”, el jefe de espectáculos del diario El Día en esa época, Alejandro Castañeda, me pidió que la viera y escribiera una devolución. Cosa que hice. Año 1991. El inolvidable Pipe Herscovich era Director del teatro. Caminos que se entrecruzan. Haber estudiado Profesorado de Lengua y Literatura Inglesa en la UNLP, me habilitó para ver y analizar esa obra, tarea que me abrió las puertas del diario El Día para seguir escribiendo críticas. Durante mis años como Jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra Literatura de los Estados Unidos, también me familiaricé con la dramaturgia de autores como Eugene O’Neill, Tennessee Williams, Arthur Miller, lo cual me entrenó en el análisis, para luego volcarlo en mis devoluciones a los elencos.

Además de actriz, soy una ávida espectadora. Disfruto tanto en el escenario como en la platea. He consumido teatro toda mi vida, infantil, independiente, comercial, comedias, tragedias, musicales, argentino, foráneo. No hay mejor plan para mí que actuar o ver un espectáculo. Compro el cuentito, me hago cómplice de la ficción, me entrego a esa experiencia sin prejuicios ni preconceptos.

A la par, casi sin proponérmelo, empecé a traducir obras de teatro del inglés al castellano. Tuve la fortuna de que algunas de ellas fueran éxito en la calle Corrientes, con grandes protagonistas. La traducción fue y es otro ángulo desde donde abordar y apreciar el teatro.

A lo largo de este medio siglo, actué en muchísimas obras (en inglés y en castellano), en La Plata y en giras, con tantísimos talentosos compañeros y compañeras. A veces fueron éxitos de taquilla, otras, no tanto. Sin embargo, de todas aprendí. Todas me hicieron crecer, madurar, foguearme, curtirme.

Hoy en día, escribo una columna de humor y actualidad para el diario El Día de La Plata (en su versión digital) llamada “After Office” los domingos. También escribo en inglés para el Buenos Aires Times (Diario Perfil) los sábados en la sección: “Readers Write”. Eso, más cartas que envío periódicamente a La Nación y Clarín.

Todo esto, críticas, cartas, columnas, reflexiones, están publicadas en mi blog, www.irenebianchi.com.ar

El domingo 15 de noviembre, estaré en el bello Teatro de Cámara de City Bell, presentando una única función de la obra de Silvia Tizio, “Te invito a mi Velorio”, dirigida por Mariana Ozafrain, con asistencia de Lu Verderosa y vestuario de Don de Vestir. Mi finadita aún no descansa en paz.

Y todavía muchos proyectos por delante …

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