
¡Gracias, Capitán! No sólo por ser el mejor jugador de todos los tiempos, sino por tu hombría de bien, por tu humildad, por tu ejemplo, por tu conducta , por tu esfuerzo desde el vamos.
Ese amor que recibiste en tu despedida es más que merecido, es todo lo que cosechaste sin prisa y sin pausa a lo largo de tu intachable carrera.
Se te quiere y se te respeta por tus valores, no sólo por tu talento futbolístico.
En un país (y un mundo) tan carente de ética, con tal escasez de líderes positivos, tu figura contrasta e ilumina.
Se te extrañará en la cancha, pero ahora te toca disfrutar sin presiones, ver crecer a tus hermosos hijos, gozar de tu bella familia, y seguir ayudando (como lo hacés anónimamente desde siempre) a quienes lo necesitan.
Como diría otro grande, ¡Gracias totales, Leo! Dejás una huella imborrable. Misión cumplida.
Diario Clarín, 08/10/2026