
“¿Y SI YO SOY GILDA?”: UN VIAJE (MUSICAL) INICIÁTICO
La IA nos pone en autos: “La última presentación en vivo de Gilda en América TV, antes de su trágico accidente, ocurrió en el programa Los sábados musicales (el ciclo que actualmente se conoce como Pasión de Sábado). Fue conducido por la cantante y presentadora Sandra Smith, quien la despidió en vivo expresando: «Se nos está por ir», en una premonitoria frase. Horas después de esa grabación, en la madrugada del sábado 7 de septiembre de 1996, la cantante tropical emprendió el viaje hacia el norte de Entre Ríos, donde sufrió el fatal accidente en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12.”
Germán Casella parte de este hecho puntual como excusa para escribir un unipersonal que sondea en profundidad varios temas: el amor incondicional de un fan hacia su ídola; la compleja relación entre padre e hijo, y la búsqueda de la propia identidad.
“Mario” (Casella) recibe un inesperado regalo de cumpleaños de parte de su padre “Beto”: una entrada para asistir al estudio de televisión en el que Gilda se presentará antes de continuar con su gira nacional. Mario siente devoción por la cantante. Tiene todos sus cassettes y sabe todas sus letras de memoria. Verla en persona es literalmente tocar el cielo con las manos, aunque ella haga playback.
Un inoportuno percance sucede cuando Gilda se acerca a la valla donde está Mario, percance que luego el joven interpretará como una señal, y él se despierta muchas horas después, en su cama, un tanto maltrecho, con la atroz noticia del fatal accidente, y un objeto revelador debajo de su almohada.
De ahí en más, Mario siente que el espíritu de Gilda vive en él. Hay datos que no parecen casuales: la edad de ambos, las fechas. .. Llega a la conclusión que él se ha convertido en la mismísima Gilda, y está dispuesto a compartir ese “milagro” con el mundo entero, por inverosímil y disparatado que parezca.
El texto de Casella y su bella y conmovedora interpretación destilan ingenuidad, inocencia y ternura. Sutilmente, sin explicitarlo, Mario necesita saber quién es, qué es, quién es su padre, ese hombre que “no habla”, que no sabe o no puede poner en palabras lo que siente hacia su hijo. Se lo demuestra, sí, con esa entrada que le regala, que representa mucho más que un ticket para ver a Gilda. Como actor, Casella dota de múltiples matices a su personaje; se luce en sutiles transiciones, invitándonos a acompañarlo en este viaje ritual hacia la adultez, en cuyo transcurso se hará cargo de sus propias decisiones, de su propia vida, aunque duela, hasta llegar a reconocerse como Mario.
Salta a la vista en “¿Y si yo soy Gilda?” un muy logrado y compacto trabajo en equipo (que de eso se trata la actividad teatral). La dirección de Nahuel López es precisa; alterna los diferentes tonos de la pieza, combinando humor, suspenso y emoción en justas dosis. Los audiovisuales a cargo de Octavio Amiconi, cumplen un rol esencial en la puesta, al igual que la música (Juan Pablo Andrés). Funcional y versátil la escenografía de Juan Camargo, así como su diseño de iluminación. Acertado el vestuario de Sofía Camparo y el maquillaje de Pamela Craco y el diseño audiovisual de María Eugenia Bifaretti. Gran labor grupal.
“¿Y si yo soy Gilda?” se ha presentado a sala llena en “La Mercería Teatro”, La Plata, donde volverá próximamente. Estén atentos. Muy recomendable propuesta local.